Tratado del libre comercio
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Tratado del libre comercio
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Antecedentes
Reseña Histórica

Históricamente, Estados Unidos ha sido el mayor socio comercial de Colombia, lo cual se refleja en las cifras del comercio bilateral. Durante la década de los 90' , Colombia buscó posicionar productos y consolidar su relación comercial con Estados Unidos. En 1991, bajo el principio de responsabilidad compartida en la lucha contra las drogas, el Congreso de ese país aprobó la Ley ATPA , a través de la cual, por 10 años, diversos productos colombianos se vieron beneficiados con la reducción, en algunos casos, y la eliminación, en la mayoría de ellos, del pago del arancel de importación a los Estados Unidos. En el año 2000, ante el inminente vencimiento de esta Ley y teniendo en cuenta la importancia que la misma revistió para la industria nacional en materia de producción, exportaciones y generación de empleo, se solicitó tanto la renovación, con miras a extender su cubrimiento en el tiempo, como su ampliación en número de productos. En agosto de 2002, el Congreso de los Estados Unidos aprobó nuevamente un esquema preferencial de aranceles bajo la denominada Ley ATPDEA, ampliando su vigencia hasta 2006, e incluyendo productos representativos de la oferta exportadora colombiana como son las confecciones y el calzado, entre otros.

La aplicación del ATPDEA ha mostrado excelentes resultados, haciendo que para Colombia la extensión ilimitada en el tiempo de las preferencias Atpdea, así como el logro de mayor acceso de nuestros productos y servicios al mercado norteamericano resulte fundamental y, para lograrlo, la firma de un Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos se convierte en la herramienta más adecuada. Por ello, el Gobierno Nacional ha buscado suscribir un acuerdo como los negociados por ese país a nivel regional con México y Canadá-NAFTA, y a nivel bilateral como los negociados con Australia, Barhain, Israel, Jordania, Marruecos, Chile, Singapur, con los países Centroamericanos y la República Dominicana-CAFTA -DR, y los países AGOA .

El momento no podría ser mas adecuado para Colombia, ya que la dinámica de relacionamiento comercial que se presenta en la actualidad, especialmente en lo que se refiere a Estados Unidos, implica que, de no adelantar la negociación del TLC, Colombia podría quedar en amplia desventaja frente a otras naciones que ya han logrado un acceso preferencial al mercado mas importante de América.

De otro lado, las negociaciones del Area de Libre Comercio de las Américas –ALCA-, en las cuales Colombia se encuentra ampliamente comprometida, permiten la coexistencia de acuerdos bilaterales (entre dos naciones) o plurilaterales (entre mas e dos naciones), siempre que los derechos y obligaciones adquiridos bajo tales acuerdos no excedan los derechos y obligaciones del ALCA. Justamente, con la negociación bilateral Colombia busca lograr que los compromisos pactados con Estados Unidos sean más profundos que aquellos que serán asumidos por las 34 naciones que harán parte del ALCA, de manera de lograr mayor acceso que otros países al mercado norteamericano y, por lo tanto, mayor competitividad en este.

Dado lo anterior y después de diversas gestiones, el Presidente Alvaro Uribe Vélez realizó una visita a su homólogo norteamericano George Bush en abril de 2003, en la cual solicitó al gobierno de los Estados Unidos considerar una negociación comercial bilateral, bien fuera con Colombia independientemente, o con los países andinos en conjunto. Esta solicitud estuvo acompañada por visitas del Ministro Jorge Humberto Botero a altos funcionarios del gobierno de los Estados Unidos, así como de un arduo trabajo por parte del Embajador de Colombia en Washington.

El 8 de agosto de 2003, el Representante Comercial del USTR (Ministro de Comercio de los Estados Unidos), Robert Zoellick, se reunió en Bogotá con el Presidente Uribe y su equipo de Ministros, así como con el sector privado colombiano. En esta visita, Zoellick anunció la disposición del gobierno norteamericano para iniciar la negociación comercial con Colombia, lo cual representó un avance importante en las conversaciones tendientes a iniciar la negociación de un TLC con Estados Unidos.

A mediados del mes de octubre de 2003, un equipo de alto nivel del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo y de otros Ministerios efectuó una visita al equipo negociador de los Estados Unidos, con el fin de clarificar de manera preliminar algunos temas relativos a la negociación, teniendo como fundamento, el TLC firmado por ese país con Chile.

El 18 de noviembre, en el marco de la VIII Reunión Ministerial del ALCA, llevada a cabo en la ciudad de Miami, se anunció oficialmente el lanzamiento de las negociaciones de un Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos y los cuatro países andinos beneficiarios de la Ley ATPDEA , es decir Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia. Oficialmente Colombia, Ecuador y Perú dieron inicio a la negociación en mayo de 2004; Bolivia ha participado hasta la fecha como observador.
Gestión Proactiva de los efectos del TLC
Es importante estar preparados para enfrentar lo mejor posible los efectos que se deriven de un TLC y poder canalizarlos hacia la generación de un mayor crecimiento y un incremento en la competitividad.
En términos generales, se destacan unas tendencias; para los sectores que ya gozan de las preferencias del ATPDEA, como cuero, calzado, textiles y confecciones y joyería, la firma de un acuerdo comercial con Estados Unidos representa un espaldarazo para su desarrollo futuro. En esos sectores se siente un ambiente dinámico, pues se preparan para invertir en capacidad, ajustar su portafolio de productos a las necesidades de los nuevos mercados, buscar socios en los mercados que les faciliten la entrada y mejorar su eficiencia.
Por ejemplo en el sector de textiles y confecciones, las inversiones podrían llegar a $600.000 millones hasta 2006. En joyería, entre tanto, las oportunidades de diseño y en productos de valor agregado se abren para que países como Italia, vean en Colombia una oportunidad de reubicarse[5].
En algunos casos el dinamismo movilizará también a las cadenas productivas. El caucho, por ejemplo, se beneficiará del dinamismo del calzado, y el papel y el cartón, con los empaque de bienes de consumo masivo.
Otros sectores pueden ser atractivos para la reubicación de plantas; el azúcar, por ejemplo, es un sector protegido, una característica que suele mantenerse en las negociaciones de tratados comerciales bilaterales. Pero puede haber oportunidades para los sectores que usan azúcar como insumo, así, los productos de confitería podrían beneficiarse en la medida en que empresas de Estados Unidos se reubiquen en Colombia para elaborar sus productos con menores costos.
La responsabilidad del gobierno es grande y no se limita a la conducción de las negociaciones. El mantenimiento de la estabilidad macroeconómica es fundamental. No habrá tratado comercial que sirva si los inversionistas perciben que la economía colombiana es volátil. Por otra parte, es vital para Colombia hacer más énfasis que nunca en mantener la estabilidad en las reglas de juego para los inversionistas, y para los negocios. Hay que proyectar el mensaje de un país comprometido con su inserción en la comunidad internacional.
Por otra parte, es necesario trabajo entre gobierno y empresarios para fortalecer la imagen del país y conseguir apoyo en Estados Unidos, tanto para el tratado como para los negocios que deberían venir después. Se requiere que gobierno, empresarios y sociedad establezcan una posición conjunta sobre los puntos esenciales que el país buscará en el acuerdo. La solidez de una posición común se reflejaría en una mejor negociación y en un despegue más rápido de los negocios tras la firma del acuerdo.
En cuanto a los empresarios, el trabajo es muy exigente; se requiere un cambio de mentalidad para que se anticipen e identifiquen las oportunidades. Esto implica trabajar en el conocimiento de los nuevos mercados para identificar nichos en donde puedan ser competitivos en un entorno de TLC.
Hay que entender como se hacen los negocios con Estados Unidos y poner especial cuidado en aspectos culturales en los que nos diferenciamos, como la importancia que se le da al cumplimiento.
Así mismo, los empresarios del país tienen que participar activamente en generar relaciones de negocios con los otros mercados[6]. La preparación es una obligación de todos, la PYME[7] por ejemplo, corre riesgos si no acelera su transformación. En un país en el que la pequeña y mediana empresa representa mas del 40% de la producción total y un 30% de las exportaciones no tradicionales, es importante que se les preste especial atención para evitar traumatismos.
Hay tres área criticas que requieren proactividad para asegurar el máximo aprovechamiento de las condiciones generadas por un TLC:
Atracción de la inversión extranjera directa.

Apoyo a las empresas colombianas.

Apoyo a la fuerza laboral



En estas áreas, Colombia no ha sido muy proactiva en el pasado, lo cual amenaza la obtención de los beneficios potenciales del TLC. No definir una política de desarrollo sectorial bajo el argumento no debe involucrarse en definir ganadores y perdedores, es muestra clara de esto
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TLC
Un estudio elaborado por ANIF arrojo como resultado que, en sectores como las flores, textiles y confecciones, derivados del azúcar, hierro y acero, caucho, jabones, plástico, editorial, productos cerámicos, cuero y metales preciosos, entre otros, Colombia cuenta con ventajas comparativas en el comercio internacional.
MIGUEL ANGEL SANCHEZ CORTES
HENRY JIMENEZ
MARCELA
 
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